PROGRAMACIÓN AÑO 2014
Agosto de 2014: Dedicado al thriller policial francés

Círculo Rojo


Jueves 29 de agosto

Título original: "Le Cercle Rouge" (1970)

Dirección: Jean-Pierre Melville
Intérpretes: Alain Delon, Gian Maria Volonté, Yves Montand y André Bourvil.
Guión: Jean-Pierre Melville
Fotografía: Henri Decaë
Música: Éric Demarsan
Producción: Robert Dorfmann
País: Francia
Duración: 140 min. 

“El Círculo Rojo”: una obra maestra del cine negro

Extraordinario filme policiaco de uno de los grandes maestros del género. A pesar de que la historia se atiene a reglas conocidas y desenlaces previsibles, lo hace con un rigor narrativo poco frecuente. Su utilización del elenco es notable y obtiene personajes plenos de convicción.

"El Círculo Rojo" es casi una deconstrucción del género policiaco, de cualquier película de cine negro. Corey (hierático, gélido, duro y desasosegante Alain Delon) es un ladrón que sale de la cárcel después de cumplir cinco años de condena e inmediatamente se topa con la posibilidad de dar un gran golpe final: el robo de la joyería más prestigiosa de París, situada en la mismísima Place Vendôme.La trama sigue, a priori, el esquema clásico de este género: Paralelamente conocemos la historia de Vogel (turbio y seco Gian Maria Volonté ), un asesino que es conducido a la cárcel por el Comisario Mattei (reflexivo y melancólico Bourvil) y del que se escapa de entre sus dedos saltando de un tren en marcha. Ambos delincuentes se encuentran por azar y planean juntos el gran golpe, junto con un ex policía alcohólico y esquizofrénico, Jansen (un atormentado y destruido Yves Montand).

La existencialista decisión de Melville es la contraria a la sabida, a la evidente: no dibujemos héroes, sólo arquetipos que están fijos en su posición inicial. No esbocemos villanos sino roles preestablecidos que giran en círculos. Corey y Vogel se reconocen, como se reconocen el pistolero y el forajido en un western de Sergio Leone: a base de miradas. El encuentro entre ladrón y asesino se salda con una mirada a los ojos que los lleva a un reconocimiento implícito, a una sensación de pertenencia al mismo bando, uno de los dos bandos polarizados en los que se divide la sociedad maniquea que queda trazada. Tal vez los dos personajes más interesantes sean el policía corrupto Jansen, que sólo es capaz de abandonar su infierno a través de la aceptación de su integración en el bando de los delincuentes, y el triste comisario Mattei, que acepta la extorsión y el chantaje a los confidentes con resignación y que basa su trabajo en la minuciosidad y no en el heroismo.

Ese es el punto clave de ese viaje a las entrañas del policiaco por parte del director francés, la desmitificación de sus componentes: el villano no es la reencarnación del mal sino que es el ejecutor de un trabajo bien hecho. Para ello no nos muestra el ingenio del plan maestro que antes de ser llevado a cabo es una obra de arte y en el transcurso del mismo se ve desmontado por los imprevistos. No, el camino es el inverso: no hay plan maestro sino plan meticuloso. No hay imprevistos sino eficacia. Los ladrones son grises funcionarios del delito, nunca encarnaciones majestuosas del mal. Y el policía no es un héroe, no tiene golpes de genio, no hace actos arrojados, valientes y temerarios que terminen con la victoria del bien sobre el mal.

A lo largo del filme Melville propone un montaje extraño, alterando el ritmo interno de la narración con encuadres forzados e imposibles; también es de destacar la originalidad de la música de Eric Demarsan, una partitura que nos conduce de forma casi imperceptible desde el policíaco norteamericano puro hasta un desenlace casi japonés, propio de una película de Akira Kurosawa. Todo esto conforma en manos de Melville una espectacular descomposición de caminos que se creían conocidos y muy transitados.

Actualmente se encuentra en preproducción un innecesario remake que protagonizará Orlando Bloom.

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