PROGRAMACIÓN AÑO 2014
Agosto de 2014: Dedicado al thriller policial francés
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A Todo Riesgo

Jueves 14 de agosto

Título original: "Classe Tous Risques" (1960)

Dirección: Claude Sautet
Intérpretes: Lino Ventura, Sandra Milo y Jean-Paul Belmondo.
Guión: José Giovanni, Claude Sautet, Pascal Jardin. Diálogos: José Giovanni. Basado en la novela de Jose Giovanni.
Fotografía: Ghislain Cloquet
Música: Georges Delerue
Producción: Jean Darvey
País: Francia
Duración: 110 min.

Un gángster condenado a muerte huye a París con su esposa e hijos después de años de ser fugitivo. Rápidamente comprende que sus viejos amigos no pueden o no quieren ayudarle y en su fuga desesperada debe confiar en extraños. Pero la tragedia le sigue los pasos y -como buen héroe de thriller francés- deberá buscar la forma más honorable de caer envuelto en llamas.

El director Sautet maneja a la perfección el ritmo y a su espléndido elenco, con gran uso de las locaciones, en su mayoría lugares reales.
Protagonizada por dos estrellas de primera magnitud como Lino Ventura y Belmondo, en el film se hace una radiografía sobre la camaradería, la traición, la venganza, la amistad, la ética y el honor.

Brillante muestra del cine negro francés que, en muchos aspectos, recogió temas y personajes que a su homónimo hollywoodense nunca le interesaron.

"A todo riesgo" se estrenó conjuntamente con "Sin aliento", siendo esta última la película que se llevó toda la fama en su momento -ambas con un notable y joven Belmondo en el reparto. Pero la película de Sautet fue un clásico poco reconocido e igualmente revolucionario, al cual el paso del tiempo no hizo más que agigantar dando su justa dimensión y opacando a aquella y a otras realizaciones contemporáneas.

Sautet renovó el género como lo hizo Tourneur, profundamente, lo cual se advierte desde la genial primera secuencia en la estación de trenes. Infundió a sus escenas de acción con absoluta autenticidad, dándole un increible sentido de realismo que le ganó la admiración del gran Robert Bresson.

La importancia de los lazos y sentimientos familiares primarios es lo que separa y distingue a "A Todo Riesgo" de cualquier otra película de gangsters de su tiempo. Las escenas de Davos (Ventura) con sus hijos transmiten una enorme ternura y calidez, y añade un intenso dramatismo a la historia.

Sautet deja de lado todos los clichés del género y contrariamente a Jean-Pierre Melville, que se inspira directamente en el imaginario del cine negro americano clásico, le da nueva vida bajo su propia perspectiva.

Por supuesto que detrás de este film subyace la pluma de un monstruo como José Giovanni, novelista y guionista autor de clásicos como Le Samouraï, Le Trou o Le Deuxième Souffle; un ex presidiario que conocía el submundo del hampa de primera mano.

Según el mismo Giovanni, esta fue la mejor adaptación al cine de todos sus libros. No tiene ni una sola escena en nightclubs, evitando todos los lugares comunes del género. Y tiene mucho más corazón incluso que "Le Deuxième Souffle".

Para finalizar, nada mejor que una cita del gran director francés Bertrand Tavernier, quien al referirse a esta película escribió lo siguiente: "Es un film que me hace querer abrazar a sus realizadores y convertirme en su amigo."

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Classe tous risques 1960

Mentes Perversas

Jueves 24 de octubre

Título original: "Voici le temps des assassins..." (1956)

Dirección: Julien Duvivier
Intérpretes: Jean Gabin, Danièle Delorme, Robert Arnoux, Liliane Bert, Gérard Blain, Lucienne Bogaert, Germaine Kerjean, Gabrielle Fontan.
Guión: Julien Duvivier, Charles Dorat, Pierre-Aristide Bréal (Historia: Julien Duvivier, Charles Dorat, Maurice Bessy)
Fotografía: Armand Thirard (B y N)
Música: Jean Wiener
Producción: Compagnie Industrielle et Commerciale Cinématographique (CICC) / Société Nouvelle Pathé Cinéma / Les Films Agiman
País: Francia
Duración: 113 min.

Catherine –una ingenua carita de ángel de veinte años– llega a París con una sola maleta y un dato: el nombre de André Chatelin, renombrado chef, dueño de un restaurante en Les Halles, y ex marido de su madre más de dos décadas atrás. La joven acaba de quedar huérfana y Chatelin, para disgusto de su propia madre, la acoge en su casa. Paulatinamente, las primeras y cándidas apariencias dejan paso a certezas bastante más macabras. En el contexto del cine francés industrial de la época, Duvivier desconcertó con este puñado de personajes femeninos tremendamente amorales, sórdidos y derrumbados. (FILMAFFINITY)

Julien Duvivier, el maestro del cine noir francés se supera a sí mismo y realiza esta obra maestra, que deja atrás todos los trabajos anteriores alcanzando la cumbre de su carrera. Ayudado por su espléndido reparto, Duvivier nos atrapa desde el principio hasta el final de este film pleno de intriga, maldad, suspenso y un ritmo sin cuartel. Esta gema es la prueba definitiva de que el cine francés no estaba para nada moribundo a finales de los cincuenta. Por lo contrario, casi nos atreveríamos a decir que la llamada "Nouvelle Vague" ha sido un paso atrás.

Y nuevamente tenemos al gran Jean Gabin, el gigante del cine francés, encarnando maravilosamente a André Chatelin, un prestigioso chef propietario de un distinguido restaurante en Les Halles de París, lugar donde ahora se encuentra el Forum Des Halls.


"- ¿Tiene Coca-Cola en su Carta?
- No, señora. Esto es un restaurante, no una farmacia."


El papel de Chatelin fue escrito expresamente para Jean Gabin. Un personaje fuerte y desbordante de realismo que le queda como un guante, en el cual los guionistas no dejaron pasar la oportunidad de divertirse un poco a costa de unos turistas americanos -que están bastante lejos de ser gourmets- en el restaurante de Chatelin.


"Es el tiempo de los asesinos.
La hora de la soga y la traición.
La hora sin piedad ni compasión
por las vidas de los hombres..."


(De la banda de sonido, "La Complainte des Assassins";
con letra de Julien Duvivier y música de Jean Wiener;
interpretada por Germaine Montero)


El título original del filme, que podría traducirse como "Es el tiempo de los asesinos", hace referencia y es la última frase de un poema de Rimbaud, "Matinée d'ivresse" (la mañana de la intoxicación) ("Les Illuminations", 1873-1875).

Y es que, a excepción de Chatelin, su cuasi hijo adoptivo Gérard Delacroix (interpretado por Gérard Blain, a quien Duvivier encontró en la barra de un bar parisino y pensó que físicamente podría encajar perfectamente en este personaje) y algunos empleados y clientes, casi todos los demás personajes de esta película -especialmente los femeninos- son mala semilla, o, en el mejor de los casos, no son ningún dechado de virtudes.

Catherine, el personaje de Danielle Delorme, es una de las arpías más perversas y retorcidas que se han visto en la pantalla grande; es la perversidad personificada. Delorme está soberbia como paradigma de una femme fatale manipuladora con cara de mosquita muerta e instinto criminal. Una psicópata despiadada capaz de hilar una sarta interminable de mentiras sin pestañear.

El personaje de Germaine Kerjean, la madre de André Chatelin, si bien no es ninguna criminal, es una mujer de carácter bastante fuerte. No sólo se había puesto en contra del anterior matrimonio de su hijo, sino que aún continúa manejando su vida como si fuera un niño, siempre con la intención de protegerlo. Además sabe manejar el látigo con maestría (en una escena se la ve matando pollos a latigazos en su guinguette) y no está dispuesta a tolerar a Catherine, en quien no confía ni un milisegundo ¡y para colmo es la hija de la ex-mujer de su hijo! -cuando André le presenta a Catherine y le pregunta qué le parece, ella le contesta que le da escalofríos.

Por último, Gabrielle, el personaje de Lucienne Bogaert, es el más sórdido, desagradable y siniestro que se haya visto en el cine hasta entonces. Totalmente arruinada y deformada en un rictus de desesperación por el alcohol y las drogas; desquiciada, avara y demandante, es la decadencia personificada, en el peor de los sentidos. Asquerosamente manipuladora, es pavorosa la manera en que se regodea planificando un asesinato.

Para no desentonar, el personaje de Gabrielle Fontan (el ama de llaves de Chatelin) es una solterona fisgona que no soporta a Catherine, y merodea por la casa llevando y trayendo chismes sobre la advenediza.

El resto del elenco es igualmente fabuloso. En un papel secundario corto pero clave, vemos a Robert Manuel (quien un año antes habría sido uno de los coprotagonistas de "Rififí" de Jules Dassin interpretando al italiano Mario Ferrati), dando vida aquí a Mario Bonnacorsi, un alegre putañero de buenas intenciones y rasgos gardelianos que una noche por casualidad recala en el restaurant.

La excelente fotografía en blanco y negro y las locaciones o platós representan perfectamente la cultura popular parisina; desde el viejo mercado de Les Halles (una sitio hoy desaparecido del centro de París y trasladado a las afueras, pero que en su momento supo ser el corazón de la ciudad), o la típica guinguette (ya hemos hablado de las guinguettes en "La Belle Équipe"; aquí la madre de Chatelin vive en una que está situada en Lagny-sur-Marne), hasta lo más sórdido, como el Hôtel du Charolais, donde vivía Gabrielle.

Una auténtica exquisitez para gourmets del buen cine, altamente recomendable.


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El Samurai

Jueves 15 de agosto

Título original: "Le Samouraï" (1967)

Dirección: Jean-Pierre Melville
Intérpretes: Alain Delon, François Périer, Nathalie Delon, Cathy Rosier y Michel Boisrond.
Guión: Jean-Pierre Melville, Georges Pellegrin (basado en la novela "The Ronin" de Joan McLeod).
Fotografía: Henri Decaë
Música: François de Roubaix
Producción: Raymond Borderie, Eugène Lépicier
País: Francia
Duración: 105 min. 

"La historia de un hermético y frío asesino a sueldo protagonizada por toda una estrella como Alain Delon supuso uno de los títulos más importan-tes del cine negro francés de todos los tiempos, obteniendo excelentes críticas." (FILMAFFINITY)

“No existe mayor soledad que la del samurai, salvo tal vez la del tigre en la jungla…” Con esta significati-va cita (inventada por el director) del “Libro Bushido de los Samuráis”, da inicio "Le Samouraï", la mítica obra maestra de Jean Pierre Melville, un film ampliamente imitado pero nunca superado hasta el momento.

Y es que esta película trata sobre la soledad; la soledad de un frío e implacable asesino a sueldo, Jeff Costello (Alain Delon) al que aparente-mente le han tendido una trampa y debe huir no sólo de la policía sino también de quienes lo han contratado.

La visión de París según Melville se filtra a través de su amor por el cine negro estadouni-dense: clubes de jazz con cantantes negras, calles oscuras, deshabitadas y lluviosas.

La soberbia interpreta-ción de Delon, la maravillosa dirección y la forma en la que está narrado, con un mínimo de diálogos y un inigualable uso del color (en el que predominan los azules y los grises) han hecho de esta película una obra maestra del cine negro y una película de culto.

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Hasta el Último Aliento

Viernes 22 de agosto

Título original: "Le Deuxième Souffle" (1966)

Dirección: Jean-Pierre Melville
Intérpretes: Lino Ventura, Paul Meurisse, Raymond Pellegrin, Christine Fabréga, Michel Constantin y otros.
Guión: José Giovanni y Jean-Pierre Melville, basados en la novela "Un reglement de comptes" de José Giovanni.
Fotografía: Marcel Combes
Música: Bernard Gérard
Producción: André Labay, Charles Lumbroso
País: Francia
Duración: 150 min.

La película definitiva de Jean-Pierre Melville comienza en movimiento y termina estática, como los demás grandes pilares de la historia del cine negro, luego de una balacera enroscada y sin sobrevivientes.

Y al igual que en aquellas películas acá la cosa en más simple de lo que parece: Un gángster llamado Gustave Manda, más conocido como Gu (interpretado magistralmente por Lino Ventura) escapó de la prisión y anda suelto por Francia. Va a París para unirse con Manouche y sus otros amigos, y se ve envuelto en una matanza entre criminales. Pero antes de dejar el país con Manouche, Gu necesita un trabajo final para conseguir dinero.

La policía (con Paul Meurisse interpretando al inspector Blot) le sigue el rastro, primero recolectando los cuerpos al costado del camino y después cínica y despiadadamente desparramándolos por su cuenta.

La idea del bien y el mal, los códigos, la anarquía, lo oficial y lo ilegal llevado a lo largo de 140 minutos hasta un desenlace tan extremo como vigente cuarenta años más tarde.
Como dijo Primera Plana en el momento de su estreno local: "Nunca se filmó tanta violencia con tanta serenidad de estilo, nunca, tampoco, se contó una tragedia con tanta malicia con una perversidad tan volteriana".

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Círculo Rojo


Jueves 29 de agosto

Título original: "Le Cercle Rouge" (1970)

Dirección: Jean-Pierre Melville
Intérpretes: Alain Delon, Gian Maria Volonté, Yves Montand y André Bourvil.
Guión: Jean-Pierre Melville
Fotografía: Henri Decaë
Música: Éric Demarsan
Producción: Robert Dorfmann
País: Francia
Duración: 140 min. 

“El Círculo Rojo”: una obra maestra del cine negro

Extraordinario filme policiaco de uno de los grandes maestros del género. A pesar de que la historia se atiene a reglas conocidas y desenlaces previsibles, lo hace con un rigor narrativo poco frecuente. Su utilización del elenco es notable y obtiene personajes plenos de convicción.

"El Círculo Rojo" es casi una deconstrucción del género policiaco, de cualquier película de cine negro. Corey (hierático, gélido, duro y desasosegante Alain Delon) es un ladrón que sale de la cárcel después de cumplir cinco años de condena e inmediatamente se topa con la posibilidad de dar un gran golpe final: el robo de la joyería más prestigiosa de París, situada en la mismísima Place Vendôme.La trama sigue, a priori, el esquema clásico de este género: Paralelamente conocemos la historia de Vogel (turbio y seco Gian Maria Volonté ), un asesino que es conducido a la cárcel por el Comisario Mattei (reflexivo y melancólico Bourvil) y del que se escapa de entre sus dedos saltando de un tren en marcha. Ambos delincuentes se encuentran por azar y planean juntos el gran golpe, junto con un ex policía alcohólico y esquizofrénico, Jansen (un atormentado y destruido Yves Montand).

La existencialista decisión de Melville es la contraria a la sabida, a la evidente: no dibujemos héroes, sólo arquetipos que están fijos en su posición inicial. No esbocemos villanos sino roles preestablecidos que giran en círculos. Corey y Vogel se reconocen, como se reconocen el pistolero y el forajido en un western de Sergio Leone: a base de miradas. El encuentro entre ladrón y asesino se salda con una mirada a los ojos que los lleva a un reconocimiento implícito, a una sensación de pertenencia al mismo bando, uno de los dos bandos polarizados en los que se divide la sociedad maniquea que queda trazada. Tal vez los dos personajes más interesantes sean el policía corrupto Jansen, que sólo es capaz de abandonar su infierno a través de la aceptación de su integración en el bando de los delincuentes, y el triste comisario Mattei, que acepta la extorsión y el chantaje a los confidentes con resignación y que basa su trabajo en la minuciosidad y no en el heroismo.

Ese es el punto clave de ese viaje a las entrañas del policiaco por parte del director francés, la desmitificación de sus componentes: el villano no es la reencarnación del mal sino que es el ejecutor de un trabajo bien hecho. Para ello no nos muestra el ingenio del plan maestro que antes de ser llevado a cabo es una obra de arte y en el transcurso del mismo se ve desmontado por los imprevistos. No, el camino es el inverso: no hay plan maestro sino plan meticuloso. No hay imprevistos sino eficacia. Los ladrones son grises funcionarios del delito, nunca encarnaciones majestuosas del mal. Y el policía no es un héroe, no tiene golpes de genio, no hace actos arrojados, valientes y temerarios que terminen con la victoria del bien sobre el mal.

A lo largo del filme Melville propone un montaje extraño, alterando el ritmo interno de la narración con encuadres forzados e imposibles; también es de destacar la originalidad de la música de Eric Demarsan, una partitura que nos conduce de forma casi imperceptible desde el policíaco norteamericano puro hasta un desenlace casi japonés, propio de una película de Akira Kurosawa. Todo esto conforma en manos de Melville una espectacular descomposición de caminos que se creían conocidos y muy transitados.

Actualmente se encuentra en preproducción un innecesario remake que protagonizará Orlando Bloom.

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